¿Es posible aislarse del mundo y encerrarse en uno mismo? ¿Constituye el trabajo un camino hacia la satisfacción? En este momento de crisis, paro, recesión… mucha gente ansía vivir en paz. ¿Es posible eso?
Francisco Moya, vicedecano del Grado en Psicología, responde a estos interrogantes.
En un momento en el que las palabras crisis, paro, recesión aparecen reiteradamente en los medios de comunicación, parece extraño que una persona admita que, hoy por hoy, es feliz. Pero basta mirar a nuestro alrededor para percibir lo muy poco con que nos conformamos.
“La pareja, la familia y los amigos son los primeros apoyos para encontrar la felicidad. En definitiva, son generadores de estados de bienestar y satisfacción en las personas desarrollando y fomentando su autoestima y expectativas”, afirma el Vicedecano de Psicología, Francisco Moya. Y es que, como siempre se ha podido demostrar, las relaciones sociales son un factor importante.
“La experiencia de sentirse querido por los demás es un factor del que depende la formación y el desarrollo de la estima personal y por tanto de su felicidad. Construir nuestra autoestima nos conducirá a mejorar nuestra personalidad si comenzamos a ser responsables de quiénes somos, de lo que tenemos y de lo que hacemos”, sigue explicando el Doctor Moya.
La familia juega un papel muy determinante para alcanzar la felicidad. De ahí que Coca-cola haya celebrado el Primer Congreso de la Felicidad en Madrid. El Congreso estuvo dirigido por Eduardo Punset y contó con la presencia de verdaderos expertos. El objetivo era conocer qué mueve nuestras vidas. “Propuestas como esta tendrían que estar presente entre los objetivos de la sociedad”, sostiene el especialista.
Y con la felicidad, aparece la palabra estrés. “El estrés puede afectar a la salud de diversas formas. Se puede decir que un cierto nivel de estrés es esencial para vivir, distinguiendo entre un estrés “bueno” que provoca rápidas respuestas en el organismo, y el estrés “malo” que genera trastornos orgánicos y se vuelve crónico”, asevera Francisco Moya.
Por otro lado, y aunque suene a broma, potenciar el sentido del humor favorece la felicidad y contrarresta los efectos del estrés. “El trabajo será fuente de felicidad si desempeñamos una labor en la que nos sintamos útiles. Sin embargo, no todo en la vida es trabajo. Saber desconectar del trabajo es también fuente de felicidad”, apunta.
“La adversidad, el dolor, y el sufrimiento, son una parte de la vida de todas las personas. Existen personas que no logran controlar bien sus emociones, mostrando una tendencia a dejarse dominar sentimientos considerados como desfavorables, los cuales se multiplican e incluso pueden llegar a agrandarse, sin importarles de forma directa que esta actitud pueden llegar a enfermarles”, afirma el Vicedecano.
“En la práctica, y dado que nuestros propios problemas nos generan angustia y dolor, existe una tendencia a denominar como “problema grave” a uno que, en realidad, no lo es tanto. Nadie está dispuesto a afirmar que, muchas veces, nos preocupan problemas irreales, imaginarios, o que no poseen esa importancia que cada cual le da. Y es que si esos problemas nos generan dolor, tendemos a considerarlos como “graves”, encontrándonos en un círculo vicioso. En este caso, debemos darnos cuenta de que, ese principal problema, comienza con nosotros mismos, hasta que nos produce dolor y sufrimiento. No obstante, no hay que olvidar, que muchos de esos problemas, nos los generamos nosotros mismos mentalmente”, afirma Francisco Moya.
Hace unos meses, Eduardo Punset publicó un libro, ‘El viaje a la felicidad’, ¿es la felicidad un viaje en el que nunca terminamos de llegar a su destino? Francisco Moya, reflexiona diciendo que “la felicidad es un camino y un estado. Disponemos de todas las herramientas necesarias para mantenernos en dicho estado. Solamente habría que ser fieles a nuestra vocación, capaces de trascender y aceptarnos como somos… en definitiva, ser honrados con nosotros mismos.





